Por muchos años el pequeño y mediano productor cafetalero vivió ligado a un modelo económico establecido desde mediados del siglo pasado por un pequeño grupo de familias; en este orden, los países capitalistas o desarrollados imponían una serie de condiciones económicas, comerciales, financieras y políticas, utilizando para ello sus vínculos con ese pequeño grupo de poder.

Durante el transcurso del siglo XIX, las países europeos especialmente Inglaterra, por medio de empresas consignatarias, financiaron en nuestro país la compra de café mediante el sistema de adelantos de café en mata.
Este pequeño pero influyente grupo, monopolizó la exportación de artículos terminados. De esta forma, consolidaron el poder económico y político creando el Estado Liberal Costarricense. La gran acumulación de capitales producto del comercio y la usura, marcó importantes diferencias sociales y permitió a este grupo mantener el poder económico y político durante más de un siglo.

Por otra parte, como consecuencia de relaciones de subordinación previamente establecidas, los pequeños y medianos productores de las zonas adyacentes a los principales centros de población, paulatinamente fueron cediendo terreno a la gran hacienda cafetalera, pasando a formar parte de los asalariados o bien emigrando a otras zonas más alejadas de los centros urbanos.

De esta forma, fueron estableciéndose poblaciones al Occidente de Alajuela, en los Valles del Reventazón y Turrialba y más recientemente en los Valles del General y San Carlos. Las condiciones de dependencia con respecto a los beneficiadores se consolidó durante todo el siglo pasado y mantuvo vigencia durante buena parte de la presente centuria.

Palmares, al igual que el resto del la provincia de Alajuela durante el siglo pasado y parte del presente, no fue una región netamente cafetalera; este producto estaba circunscrito a una minoría de fincas del cantón frecuentemente subutilizadas. El Censo Cafetalero de 1878 le asignó a Palmares doscientas manzanas de café.

Hasta 1950 el café fue considerado un producto secundario en el cantón. A partir de entonces, vino la sustitución del tabaco por café y el auge de esta última actividad. Varios fueron los factores que influyeron para que los campesinos palmareños tomaran la decisión de sustituir el tabaco por el café, entre las más importantes fueron: Las malas condiciones y trato proporcionado por parte de las compañías tabacaleras al productor, y el auge en los precios internacionales del café a partir de la culminación de la II Guerra Mundial.

Desde entonces, sobreviene el final de la era del tabaco en Palmares y el advenimiento de la caficultora, con todas las implicaciones económicas y sociales que este abrupto cambio acarrearía.

Por otra parte, el fraccionamiento de las fincas fue dándose como consecuencia de la división de las propiedades. En el Censo Agropecuario de 1950 existían en el cantón 490 fincas y una población de 7,900 habitantes. El Censo de 1984, indica que teníamos 890 fincas y 17,800 habitantes.

El proceso anterior marca una diferencia muy importante del agricultor palmareño respecto a los campesinos del resto del país. Pocos agricultores del cantón se han visto forzados a vender sus propiedades e incorporarse como jornaleros en las grandes fincas; de hecho, en el cantón ni siquiera podemos hablar de grandes propiedades típicas de otras zonas de Costa Rica. Sin embargo, en el Catastro Municipal observamos la creciente acumulación de pequeñas propiedades en manos de algunos productores, especialmente durante las dos últimas décadas.

Esta particularidad permite que la economía mantenga su estabilidad a pesar de la gran crisis agrícola de las zonas rurales. Sin embargo, el grado de confianza ofrecido por el café durante los últimos treinta años, hizo que un buen número de productores especialmente pequeños y medianos, cifran todas sus esperanzas en la actividad. Surgió entonces un agricultor totalmente dependiente del café, establecido especialmente en el sector sur-oeste del cantón en los distritos de Candelaria, Santiago y Rincón de Zaragoza. Este grupo de campesinos es muy vulnerable a la crisis que actualmente afecta a la agricultura tradicional del país y requiere atención por parte de quienes toman las decisiones de los propios agricultores organizados en Coopepalmares, R. L.

En estos momentos reconocemos la difícil situación del pequeño productor agropecuario. Las políticas neoliberales estimulan la competencia entre las diferentes ramas de la actividad tales como el comercio, la industria y los servicios con la agricultura; evidentemente, los bancos comerciales prefieren destinar sus recursos en lo sectores secundario y terciario en detrimento de la agricultura.

El crédito al sector agrícola, especialmente a los pequeños y medianos productores es cada vez más restringido, para la Banca Nacional inclusive, resulta muy costoso y anticomercial destinar recursos financieros el sector agrícola. Las tasas de interés en este momento están regidas por las leyes del mercado resultando inmanejables para el productor agrícola.
También es cierto que la banca nacionalizada tendría desventaja con respecto a los bancos privados si le tocase asumir el crédito agrícola y mantener o establecer agencias en zonas rurales o periféricas donde el monto de los créditos se realizan en pequeñas cantidades, las operaciones son mínimas y no resultan rentables.

Cada año que pasa, la agricultura tienes menos relevancia. Al problema del crédito y de la organización del campesinado, debemos agregarle la poca capacidad de las organizaciones e instituciones encargas de brindarles asistencia técnica, especialmente la transferencia de nuevas tecnologías acordes con el grado de comercialización. Estos factores nos llevan a una crisis generalizada de la agricultura expuesta al igual que el resto de materias primas a las condiciones cambiantes y a las crisis de precios, generalmente ocasionados por las distorsiones y la especulación por parte de los comerciantes.
Todos estos factores llevan a la necesidad de realizar un cambio estructural global tanto en la producción agrícola como en sus procesos de industrialización y comercialización.